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Las bondades de escuchar a tu cuerpo

Toma tiempo aprender a escuchar a tu cuerpo pero una vez que lo dominas, es una bendición.


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Es impresionante darnos cuenta cómo el cuerpo nos manda señales, mensajes y muchas veces no le hacemos caso y vaya que soy una persona que trata de estar en sintonía y reconectando con mi cuerpo. No ha sido fácil pero lo he hecho a través de muchos años de práctica de yoga, de mindfulness, etcétera (que es algo que me encanta y que algún día les contaré un poquito más), y aún así creo que estos últimos tres años para mí han sido un aprendizaje enorme en términos de entender las señales y los mensajes que me está dando mi cuerpo.


Como ya les he dicho antes, desde 2019 aproximadamente empecé con dolores muy fuertes del nervio ciático, tan fuertes que yo ya no podía prácticamente caminar. Lo hacía como pato: de lado todo el tiempo y de verdad con un dolor impresionante. Pero sé que al mismo tiempo tenía muchos dolores de otro tipo. Estaba sumamente estresada. Puedo llegar a pensar que tuve una especie de burn out por temas de trabajo y ciertas situaciones personales por las que estaba pasando que quizá no eran la cosa más grave del universo, pero que se juntaron también con una ansiedad que no tenía identificada y con una preocupación extrema por muchas otras cosas.


Cómo el encierro me hizo sanar a profundidad

Después de 2019 me operaron. Empecé a mejorar y creo que 2020 y 2021, estos dos años de pandemia y de prácticamente un encierro total, me sirvieron enormemente para sanar las profundas heridas que tenía y que quizá no me había dado cuenta por presionarme tanto por ser una buena persona, hija, esposa, una buena nutrióloga, por seguir los estándares o lo que la gente esperaba de mí.


En estos dos años de pandemia tuve la oportunidad de reencontrarme a mí misma aún más y poder sanar todas estas heridas.


Y fueron años bastante difíciles porque tuve dolor el 80% del tiempo. Tenía también esta presión por hacer ejercicio, no tanto relacionada a modificar mi cuerpo pero sí a demostrarme que yo podía lograr cosas a través del ejercicio. Pero en ese momento de mi vida no lo podía hacer. Es algo que me costó mucho trabajo entender y captar que mi cuerpo me estaba diciendo: “Este no es un momento para ser fuerte y retadora. Este es un momento para ser más suave y más sutil contigo misma.”


Finalmente escuché lo que me quería decir mi cuerpo

Como yo no lo entendí de primera, pues los dolores se incrementaron. En marzo de 2021, tuve un viaje a Mérida para una competencia de ciclismo a la cual mi esposo iba a ir. Tenía un dolor tan fuerte que me tuvieron que sacar del avión de Mérida en silla de ruedas. Imagínate lo frustrante que fue para mí. Al mismo tiempo y conforme fueron pasando las semanas, todo eso me hizo entender muchas cosas.


Creo que lo más importante fue entender que mi cuerpo me pedía que estuviera en calma. Me pedía dejar de ser esa persona acelerada que hace mil cosas y quedarme quieta un ratito para escucharme mejor, entenderme mejor, llorar (y lloré mucho), pensar muchas cosas, pensar en quién soy yo realmente, en ser una versión mía 100% auténtica. Fue un momento también para alejarme de comportamientos tóxicos que no me estaban ayudando en nada. Con comportamientos tóxicos me refiero a estar piense, piense y piense cosas todo el tiempo y bueno, eso se me da muy fácilmente.


Al fluir, mi cuerpo pasó por toda clase de cambios

Después de este momento catastrófico y aparatoso de entrar y salir de aeropuertos en silla de ruedas pude empezar a sanar. Eso no siempre se ve como algo bonito. Sanar también significa que salen cosas que tú ni siquiera te habías imaginado que tenías. Por ejemplo me empezaron a salir unas alergias brutales que me duraron como tres, cuatro meses.


Después tuve periodos de ataques de ansiedad durísimos que yo los relacionaba con el consumo de medicamentos pero probablemente algo más también me querían decir. Obviamente también subí de peso, mucho más de lo que me hubiera imaginado. Viví también mucha frustración por subir de peso. Pero finalmente entendí que además de que mi cuerpo me estaba frenando para dejar de moverme tanto, también me estaba trayendo esta grasita extra como protección extra. Porque es lo que necesitaba en ese momento.


Y lo único que hice fue fluir con estas emociones, sensaciones y con lo que yo creía en ese momento que mi cuerpo me estaba diciendo: “Está bien que estés ganando peso porque te estoy protegiendo con esto, está bien que llores todo el tiempo, que te den estos ataques de ansiedad porque son cosas que traías guardadas y que tenías que sacar de alguna forma. Está bien que no te muevas porque este no es el momento que necesitas para moverte.”


En 2022 llegó el cambio profundo

Me costó trabajo entenderlo pero hice un esfuerzo bien grande por seguir ese camino de entendimiento del cuerpo. Por moverme de una forma más amable con él. Por nutrirlo y por no dejar de nutrirlo porque he de confesarles: la desesperación de ver que estás aumentando de peso no es fácil. Ustedes lo entenderán también. Aun así me propuse no ponerme a dieta, y simplemente estar nutriendo a mi cuerpo de la mejor forma y amorosa posible.


Y de repente llegó 2022. A veces creo mucho en los astros, las energías del planeta, en cultivar energía más alta y positiva y algo pasó en 2022. Sentí un cambio brutal. La energía y sensaciones de mi cuerpo cambiaron. Por ahí de enero sentí que mi cuerpo me dijo: “Ahora sí ya estás bien, ya estás sanando, ahora sí es momento de que regrese la energía, de que te pongas a hacer ejercicio otra vez, de que te sientas mucho mejor. Probablemente vas a seguir llorando a cada rato y cada vez vas a estar más sensible porque cuando te pasaba algo antes, no mostrabas esos sentimientos fácilmente. Eso es lo que has aprendido en estos dos años.”


A eso me refería con que mi cuerpo me pedía que fuera más suave, menos rígida, menos controladora, menos “aguantadora” tal vez sino mucho más suave y empezar a fluir. Este año me regresaron las ganas de hacer ejercicio, se me quitó el miedo a hacer ejercicio (tenía mucho miedo por los dolores que había pasado en los años anteriores), me regresó la energía de muchas formas. Es como si algo se hubiera destapado de mi cerebro y de mi cuerpo y me dijera: “Ya es momento”.


Los retos nunca dejan de llegar, pero puedes afrontarlos de otra forma

En eso me diagnostican hígado graso leve y dije, “¿qué onda con esto?” Pero me puse a leer el libro de Louise Hay, el de Usted Puede Sanar su Vida y ahí habla de la causa psicológica y emocional de las enfermedades y me puse a ver las enfermedades relacionadas con el hígado. El libro te da una serie de afirmaciones positivas para sanar, como esas emociones que puedes tener reprimidas en esa zona de tu cuerpo.


Y me encantó lo que leí: “Me desprendo de todo aquello que ya no necesito. Ahora mi consciencia ya está depurada y mis conceptos son nuevos y vitales.”


Al leer esta afirmación me quedé en shock. De cierta forma me afirmaba todo el proceso que pasé estos dos años y que toda esta grasita extra acumulada en mi cuerpo, fue para protegerme. Y que saber que ahorita tengo esta condición, me está diciendo “Ya despréndete de lo que no necesitas. Ya cobraste esta consciencia y ya puedes vivir de una forma nueva, con un nuevo tú.” Y francamente me emociona muchísimo. Porque esto para mí significa que también he trabajado mucho escuchando a mi cuerpo y haciendo el trabajo mental y físico. Estando en calma cuando tengo que estarlo. Activándome cuando tengo que hacerlo para justamente ser mi mejor versión. Y ésta no tiene que ver con ningún cuerpazo, con que me vea perfecta y sin arrugas. Tiene que ver con esta mejor versión en donde yo me siento bien conmigo misma, y donde estoy realmente cuidando a mi cuerpo.


La libertad y felicidad de ser tú misma de forma sana

Es súper bonito ver que todo ese esfuerzo por ir en contra de la corriente llega a un punto que te da frutos y te dice: “Ahora sí date cuenta, estás sanando y estás empezando a ser esa versión tuya. MUY tuya.” Que es tan auténtica y que brilla tanto, que ha valido la pena, cada minuto de dolor, cada momento complicado, cada momento de frustración, los momentos de ansiedad y todo lo que viví en los años pasados, porque ahora sí estoy siendo mi mejor versión.


Te quise contar todo esto para que si en algún momento tú estás pasando por frustración o por mucho dolor físico o mental, sepas que definitivamente todo pasa por algo. Que no dudes que esos momentos duros, esas tormentas, esos días grises definitivamente se van a convertir en algo mucho más bonito en un futuro. Que lo que más nos ayuda es tratar de entender los mensajes que nos está dando el cuerpo.


El cambio no lo hice sola

Ahora te voy a ser súper sincera: esto no es como que me haya salido intuitivamente. No empecé a escuchar mi cuerpo solo porque se me ocurrió. Creo que sí tengo una preparación de muchos años de yoga y de mindfulness que me ha permitido estar en este punto. Pero también recibí mucha ayuda y eso se vale. Me ayudó Camila Martínez de @camilahealing (Instagram) con sus sesiones tanto las personalizadas como las gratuitas de hipnosis de sanación. No saben cómo me sirvieron.


También me ayudaron muchísimo las clases de yoga de Ara Marz, en especial sus sesiones de yoga y mindfulness para aliviar el dolor: fueron clave para que yo estuviera mucho mejor. Y por supuesto las redes de apoyo que tengo que eso es súper importante. No dudes en crear estas redes de apoyo con quien realmente sientes que te apoya, no con quien juzga tu dolor o el mal momento por el que estás pasando.


Vas a ver que este mal momento va a pasar, porque todo es pasajero. Nada se queda. Todo cambia y fluye, y el dolor físico-mental no se va a quedar para siempre.


Si estás pasando por estos malos momentos, hoy te mando un abrazo enorme desde lo más profundo de mi corazón a lo más profundo del tuyo. Y como dice Ara Marz: que la luz y el amor que habitan en mí, honren a la luz y el amor que habitan en ti.



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