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Cuando el ejercicio deja de ser saludable

Cómo distinguir cuando tu entrenamiento te está haciendo más daño que bien.


Sin duda el ejercicio es uno de los hábitos que vale la pena construir, que nos va a sumar muchísimo a nuestra salud, que nos va a traer mucho bienestar. El ejercicio nos ayuda a dormir mejor, a disminuir la ansiedad, a disminuir el estrés, a que nuestro sistema inmune funcione como tenga que funcionar. Nos sirve como protección para nuestra salud cardiovascular, para estar más fuertes, para que nuestros huesos estén protegidos e incluso para mejorar nuestro estado de ánimo.


Sin embargo, hay una pequeña línea entre el ejercicio saludable y el que no lo es.


Un ejemplo de la obsesión por el ejercicio

Hace aproximadamente 15 años trabajaba como nutrióloga en un gimnasio importante de la Ciudad de México. Ahí atendía al personal del gimnasio y también a los usuarios. Recuerdo que había un entrenador que tenía un plan súper estricto de alimentación. Tenía que comer cada dos a tres horas, al pie de la letra, con las porciones que le correspondían, en el horario indicado y si no lo hacía se ponía de malas. Armaba toda su agenda para hacer esto y para cumplir con sus tres a cuatro horas de entrenamiento diario.


Un día llegó su cumpleaños y el staff decidió llevarle un cupcake (el personal sabía que el entrenador siempre estaba a dieta y por lo mismo tenía que ser una porción pequeña). El entrenador lo agradeció mucho pero dijo que no se podía perder su rutina de ejercicios. Dejó botado el pastelito en la cocina del gimnasio y decidió irse a entrenar en lugar de festejar con su equipo de trabajo.


Este fue un claro ejemplo de lo que el ejercicio puede llegar a ser cuando la conducta ya no es saludable. El obsesionarse con cumplir las horas de ejercicio que te tocan, el número de pasos o el número de calorías que debes quemar al día, y que si no cumples te sientes muy estresado, señala que ya no es saludable.


Desconexión con tu entorno

Otro punto característico de las obsesiones con el ejercicio es que te aíslas socialmente. Te importa tanto cumplir con lo que te toca y alcanzar tus metas, que de repente se te olvida que tienes una vida social: dejas de ir a eventos, dejas de convivir con la gente, dejas de asistir a cenas o al cine, simplemente porque prefieres ir a hacer ejercicio.


Lo grave de esto es que en ocasiones está normalizado, a veces está bien visto. En realidad esta es una conducta muy poco saludable que lo único que hará es deteriorar tu estado mental, hará que caigas en ansiedad o depresión. El mismo aislamiento social no te hará sentir bien y hasta puedes terminar con un nivel de estrés muy fuerte.


Ojo: este no es un tema de disciplina o fortaleza mental. La fortaleza mental saludable de los atletas permite disfrutar el ejercicio, hacerlo por placer y por cumplir metas de forma balanceada. Pero hay otro punto en el que ya no es saludable y esto se percibe cuando afecta tu vida normal, tus descansos o tu forma de compararte.


Es decir, cuando es una obsesión, por lo regular la persona habla del físico, del ejercicio y nutrición todo el tiempo. Se la pasa m